Yo fuí durante diecinueve años ministro bautista, y sin embargo sabía muy poco sobre milagros de sanidad. Teníamos muy pocos conocimientos sobre el poder milagroso de Dios. Los libros de mi biblioteca me enseñaban que Dios enviaba las enfermedades para bendecirnos o enseñarnos buenas lecciones. Yo había predicado que debíamos de ser muy cuidadosos al orar, y siempre decir: "Si es tu voluntad".
No estaba bautizado en el Espíritu Santo entonces, pero Dios nos ayudó. Cerré la biblioteca y me dediqué, yo solo, día a día, a escudriñar la Palabra de Dios. Leí los cuatro Evangelios hasta que empecé a ver a Jesús. De esas páginas surgió ante mis ojos como un hacedor de milagros, poderoso y misericordioso. No era un Jesús bautista, metodista, presbiteriano o católico. Era el HIJO DEL DIOS VIVIENTE QUE ES EL MISMO AYER, HOY Y POR SIEMPRE.
¡¡Lo contemplé a El. Su grandeza, superior a todos los conceptos que pudiéramos tener de El!!
¡¡No lo ví como a un Jesús denominacional, sino observé a un Jesús tan grande y tan amoroso capaz de rodear a TODA la humanidad con sus poderosos brazos!!
Leímos sus promesas para con nosotros una y otra vez. Nos dimos cuenta que era el diablo el que afligía a nuestra hija, el que quería tenerla inválida, pero también que Dios quería sanarla.
Oramos por ella pero nada parecía suceder. Se notaba igual. ¿Por qué no hacía algo este Jesús maravilloso?
¡¡Estábamos LIMITANDO AL SANTO DE ISRAEL!!
¿Dónde estaba nuestro MILAGRO?
¡¡Estaba en NUESTRAS BOCAS!!
Claro, sabemos que el milagro está en Jesús, pero lo limitamos a El y a Su poder cuando fallamos al no confesarlo y al no mantenernos en Su Palabra.
Mi esposa Dodie y yo, pusimos en obra lo que acabábamos de aprender. Haciendo lo mejor que pudimos, ABRIMOS NUESTRAS BOCAS Y confesamos la Palabra PARA SALVACIÓN - PARA SANIDAD -.
Esos fueron días tristes y obscuros para nosotros, bautistas en grandes conflictos, pero Dios es tan misericordioso y compasivo.
Hicimos nuestras las promesas y empezamos a proclamarlas todos los días a pesar del estado en que se encontrara nuestra hija. Declarábamos: "¡Y por sus llagas ella ha sido sanada!" Le hemos impuesto las manos y sabemos que la Palabra dice: "que ella sanará". ¡Está sanando! Jesús dijo: "LO QUE PIDIERES al Padre en Mi Nombre os será hecho". Confesamos: "¡Jesús lo está haciendo! ¡Jesús lo está haciendo!"
Cuando las personas comentaban que la niña se veía muy mal o nos preguntaban por ella, tratábamos de decirles lo que Dios decía y no lo que nuestros ojos veían.
Y pasaron los meses. No se notaba ningún cambio en Lisa. ¿Dónde estaba el milagro? ¿Dónde estaba el milagro?
Se encontraba en nuestras bocas. "El poder de la vida y de la muerte está en la lengua", dice la Biblia. Nos aferrábamos a las promesas en contra de los
síntomas mentirosos, causados por el diablo.
"DIOS VIGILA SU PALABRA PARA CUMPLIRLA". Dios estaba sonriendo y observando. Jesús estaba cerca.
¡Al quinto mes levantó su cabecita de la cama cuando se encontraba boca abajo! El Dios del Cielo estaba cumpliendo Su Palabra. Mi esposa sabía que si un bebé no se sienta solo al séptimo mes es una señal de anormalidad. Pasó el quinto y sexto mes. El diablo nos dijo mil veces que la niña nunca sería normal, pero nosotros teníamos un milagro en nuestras BOCAS y continuaríamos proclamándolo - HASTA ALCANZAR LA LIBERACIÓN . ¡¡¡AL FINALIZAR LOS ÚLTIMOS DÍAS DE LA FECHA CRITICA PARA QUE ELLA SE SENTARA SOLA, DIO LA VUELTA Y SE SENTÓ!!!
Estoy seguro que los ángeles que observaban prorrumpieron en un canto de alabanza a Dios por su amor y fidelidad hacia su Palabra. Indudablemente nuestro bendito Jesús sonreía ante nuestro gozo ya que El había tomado para sí mismo todos nuestros pecados, nuestras enfermedades y nuestros dolores en su propia carne y en esa forma había comprado nuestra sanidad.
Ese fue el momento del cambio. De allí en adelante Lisa se desarrolló normalmente. Tiene más de doce años al momento de escribir este relato. Recientemente estuvo en el cuadro de honor de su grado escolar. Todo lo que emprende lo hace bien. Es una niña completamente normal.
¡¡Su pediatra nos dijo que había sido un milagro de Dios!!
¡EL MILAGRO ESTABA EN NUESTRAS BOCAS Y AL CONFESARLO SE OBTUVO LA SANIDAD!
No estamos hablando del poder de la mente. No estamos hablando del control mental sobre la materia, sino estamos recordándote la Palabra eterna de Dios "y envió Su Palabra y los sanó".
"Los cielos y la tierra pasarán, pero Mi Palabra permanecerá".
"Su Palabra está por siempre escrita en el Cielo".
DEBES ENCONTRAR LAS PROMESAS QUE SON PARA TI Y PROCLAMARLAS DIA Y NOCHE. Afírmate en la Palabra de Dios y entonces El la honrará.
En el caso de Daniel quién por tres semanas oró por algo específico, Dios le dijo: "Desde el día que me llamaste envié la respuesta, pero Satanás obstaculizó que ella te llegara". A veces éste es el caso, cuando oras. Continúa confesando la Palabra y vendrá. Si la tienes ya en el corazón, sabes que te llegará.
Si Dios nos sanara instantáneamente cada vez que se lo pedimos, no tendríamos paciencia con los demás. No creceríamos espiritualmente en la fe. Ciertamente tendremos horas oscuras cuando pareciera que estamos solos nosotros, Dios y Su Palabra- ¡¡PERO SI CON AUTORIDAD CONFESAMOS SUS PROMESAS Y PROCLAMAMOS NUESTRO MILAGRO COMO UN HECHO CONSUMADO, ES MAS QUE SUFICIENTE!!
miércoles, 5 de mayo de 2010
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